Lágrimas de impotencia rodando por las mejillas. ¿Impotencia? No. No sólo hay impotencia en esas lágrimas, sino que también existe rabia, tristeza, humillación, estrés, cansancio... No te quedan fuerzas para seguir adelante, pero debes hacerlo. A tu alrededor, caras preocupadas, caras alegres... Todo es confuso, pero todas estas caras se resumen en un par de frases, que se repiten constantemente en tu mente: "¡La próxima vez irá mejor! ¡Esto es sólo el principio!" Muy fácil decirlo cuando no te ves en situación, pero la verdad es que estás cansado. Te calmas, sólo por fingir que no le das tanta importancia como parece, que sólo ha sido ese momento de flaqueza... Pero luego, en la soledad de tu santuario, estas lágrimas vuelven a brotar. Y ahora no pueden dejar de parar. Impotencia, rabia, tristeza, humillación, estrés, cansancio y, ahora también, soledad. La música bien alta, para que fuera no puedan ni imaginar qué es lo que está pasando en tu interior. Tumbado en la cama, solo se te ocurre pensar en lo ocurrido y no en el futuro. Te consumes en tus propias lágrimas, hasta que caes rendido en los brazos de Morfeo, quien susurra dulcemente "Sólo queda mirar hacia delante..."
Un momento, silencio... Has entrado en el laberinto. ¿Buscarás el centro... o la salida? Tú decides.
¡Bienvenidos!
Hay tres cosas que pueden sucederte en un laberinto.
Puedes perderte, en cuyo caso te sugiero que busques la salida.
Puedes conseguir salir, y te sugiero que vuelvas para satisfacer tu curiosidad... Porque... ¿Qué sabes acerca del laberinto? Esa no es la cuestión, la cuestión es lo que quieres saber acerca de él.
Y puedes llegar al centro, donde me encontrarás con una mano abierta, invitándote a descubrir los rincones de mi laberinto.
¿Te atreves a venir a por mi?
Puedes perderte, en cuyo caso te sugiero que busques la salida.
Puedes conseguir salir, y te sugiero que vuelvas para satisfacer tu curiosidad... Porque... ¿Qué sabes acerca del laberinto? Esa no es la cuestión, la cuestión es lo que quieres saber acerca de él.
Y puedes llegar al centro, donde me encontrarás con una mano abierta, invitándote a descubrir los rincones de mi laberinto.
¿Te atreves a venir a por mi?
01 diciembre 2011
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