¡Bienvenidos!

Hay tres cosas que pueden sucederte en un laberinto.

Puedes perderte, en cuyo caso te sugiero que busques la salida.
Puedes conseguir salir, y te sugiero que vuelvas para satisfacer tu curiosidad... Porque... ¿Qué sabes acerca del laberinto? Esa no es la cuestión, la cuestión es lo que quieres saber acerca de él.
Y puedes llegar al centro, donde me encontrarás con una mano abierta, invitándote a descubrir los rincones de mi laberinto.

¿Te atreves a venir a por mi?

11 abril 2012

Olor


 El joven se despierta lentamente. Falta poco para el amanecer y una chica duerme plácidamente a su izquierda. Él se incorpora levemente y se inclina para darle un beso en el hombro cuando se percata de algo. Aquella joven olía a él. El mero reconocimiento de este hecho le saca una sonrisa. Aquello le gusta y, pronto, vuelve a dormir. 
 Desde ese momento, todas las mañanas esta pareja sigue una curiosa rutina. Él se despierta antes, deja un beso en la chica a su lado y se asegura de que ella sigue oliendo a él. Un hecho que le vuelve loco. Acto seguido se levanta, prepara café, se ducha y desayuna. Entre tanto, ella se ha despertado. Se despereza estirando cada músculo de su cuerpo y entra en la ducha con el pelo despeinado. Termina antes de que él termine su desayuno y se echa su perfume favorito. Ahora, mientras él se lava los dientes, ella termina de arreglarse el pelo. Antes de irse, el chico la abraza y huele el cabello de la joven. El olor a perfume y champú le llega de inmediato. Entorna los ojos y se promete a sí mismo que ellá volverá a oler como él. Entre tanto, ella siempre ha sido consciente de la manía de su pareja de olerla todas las mañanas y siempre se preguntó el por qué.
 Esa misma noche, ella se desvela en mitad de un sueño. Queda mucho para el amanecer y se acurruca junto al hombre que duerme a su lado. Tan cerca, que un olor familiar llega a ella. Percibe entonces, que él huele a su perfume. Él huele a ella. Y le gusta.